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The beginning of something

Nuestra relación tuvo mucho culo, mucha nalga and lots of ass.
La mezcla de idiomas y palabras era el pan nuestro de cada día.
Eramos un mix de nacionalidades, una miscelánea de religiones. Una mezcolanza de backgrounds y un revoltijo de sentimientos.
Eramos 450 estudiantes de 52 países conviviendo con nihonjins (nihon-nippon-japon-japón-japan)
Eramos un mundo dentro de otro mundo. Eramos de otro mundo.
Eramos aliens, como bien lo marcaba uno de los trámites burocráticos. Tramitar la Alien Registration Card.
Eramos 450 gaijins de los cuales 400 llegamos within a week.
Eramos invasores.

Casi

Le dije que lo quiero.
Casi.
Le dije muchas cosas.
Y él, que me conoce, lo entendió.
– Al buen entendedor, pocas palabras-
hubiera escrito mi abuela en el libro de los dichos que nunca escribió.
Antes murió.

-Entendí- dijo y calló.
17 minutos.
Ni el ejercicio de sus pulmones se escuchaba.

Silencio y distancia.

-¿Por qué?- preguntó al minuto 18.
No hay respuesta decente. Ni indecente.
Hay tantas construidas en estos años.
Tantos años.

No la esperabas.
No esperabas nada.

Ni que casi te dijera,
que te quiero.

No lo hice,
y te quiero.

Huele a Lousiana

Ya lo publiqué en facebook y en twitter.
Ahora lo hago público acá.
(Aprovecho para mandar saludos a mi público siempre fiel)

Hoy recibí una carta.
Escrita en una hoja cuadriculada y con lápiz.

Empieza así:

“So, as we have difficulty to get each other on skype…”

Hace tres meses que postergamos la llamada en skype así que decidió escribirme la carta pensando que quizás sería más rápido recibirla a esperar que logremos conectarnos en skype.
Y no se equivocó.

Nada de lo que me cuenta en la carta me lo ha contado antes.
Todo es brand new.

Da gusto llegar a casa y ver sobre la mesa una carta.
Desde Luisiana,
con harto amor.

de suites y en suites

Life is sweet.
I miss the suite.

Te extraño
¿y qué?

De aerolíneas y abogados

Es época de festivales y eso en mi trabajo se traduce en: encontrar las mejores opciones para el vuelo a (nombre del país a visitar).

Aerolínea, millas, clase, precio, día, hora, aeropuerto, stops, ventanilla, pasillo.

Hace dos semanas comenzó la búsqueda del pasaje ideal.

Hace dos semanas la mejor opción era un vuelo con LAN airlines a 3400 dólares, cifra falsa que sólo sirve como ejemplo.

Era la mejor opción.

El día que íbamos a hacer efectiva la reserva, nos dicen que la han cancelado.

(se omiten detalles del momento de stress sufrido durante esos momentos)

En dos días, los vuelos había escalado desesperadamente y lo que antes costaba 3400 ahora cotizaba a 5800 (cifra real)

En otro pico de pánico y sospechas de despido, encontré en despegar.com una opción: el mismo itinerario de LAN a 3600 dólares (ejemplo)

Se hizo la reserva, se pagó y el fin de semana pasó sin sobresaltos.

 

Ayer hace dos semanas lo conocí.

Se acercó, sonrió y se fue.

Tanto me gustó su sonrisa que me permití salir con un abogado.

Hoy, hace dos semanas volvió.

Esta vez su sonrisa venía acompañada por un alfajor.

El próximo sábado, hace dos semanas salimos a cenar.

En el interrogatorio y en los besos posteriores supe que era él

el vuelo de LAN: fecha, día, sin cambios de aeropuerto, con el mejor precio.

(se omiten los detalles del pico de emoción y falso enamoramiento que esto produce)

El próximo domingo, hace dos semanas, dejó de llamar.

 

Anteayer, el lunes, nos avisan de despegar que no se ha podido realizar la compra.

Falta una semana para el viaje y no tenemos ticket.

(…………………………..)

Anteayer, el lunes, sigue sin avisarme por qué no ha llamado.

Pasan las semanas y no tenemos otra cita.

(…………………………..)

 

Con una absurda esperanza entro a aa.com y busco la ruta deseada.

Veo el costo del pasaje: 2400 dólares (ejemplo)

El día ideal, la ruta ideal, los horarios ideales, el precio ideal.

Reservar. Comprar. Confirmar. Reconfirmar.

 

Montaje paralelo.

 

Hace dos semanas pensaba que ese chico era

el vuelo de LAN: 3400 dólares

Hoy, esa reserva también se ha cancelado.

Hoy, dentro de  no sé cuanto tiempo

encontraré el /vuelo/ ideal

mil dólares más barato.

 

*Todas las palabras que empiecen con -ideal- tienen incluidas comillas mentales.

 

Sobre la necesidad

de necesitar constantemente algo.

Necesitamos conocer la definición de la palabra. O re-definirla.

Han pasado 10 días de paro de los subtes.

Y creo que para hoy, deberíamos de haber entendido que no los necesitamos.

Nos hacen la vida más fácil.

Más rápida.

Más corta.

Más cómoda.

Nos deja dormir más tiempo.

Viajar menos.

Pero necesitarlo, así como NE CE SI TAR LO

no.

 

Leí muchas cosas sobre el subte estos días, pero ninguna de esas noticias,

ninguna,

declaraba la muerte de una persona por la huelga de los metrodelegados.

 

Nos han inyectado necesidades,

“básicas”,”diarias”

 

Hay gente que puede vivir sin comer.

Sí, sin comer.

 

Esas frases de “amor”

– no te vayas, te necesito –

seriously?

 

No hay necesidades reales.

Esas también las inventó la publicidad.

 

No hay necesidades fabricadas.

 

No hay necesidades.

 

Porque lo que realmente necesitamos,

ya está incorporado,

lo tenemos todo dentro de nosotros.

 

Lo demás,

incluidos los subtes y las huelgas,

es una comodidad.

 

 

 

 

Desde el colectivo

Esas cosas maravillosas que un ve escritas, pintadas, y pensadas en y para las paredes.

” Lugar apto para autocuestionarse” 

 

Cabrera y Armenia. 

Lléguenle. 

 

05:15

Después de Beiro al 3600, descendiendo, dirección Los Incas, hay en la acera derecha diez y seis árboles.

Troncos fuertes, firmes.

Los conté un día que viajaba aburrida.

No los volví a ver.

O sí. Pero son de esas cosas que se ve y no se ve.

Hoy los volví a ver.

En serio.

Diez más seis troncos que lucían un cartel blanco.

Un reloj dibujado, la terminación del minutero y del segundero era la misma.

Dos corazones. Uno en cada manecilla.

” Te espero.

05:15

Me encuentras?

Te amo”

Heroína en el desayuno

Dicen que lo que cansa es la rutina.Y cuando uno comienza a trabajar (en la mayoría de los trabajos) esto resulta inevitable. Lo resultan también los viajes en el colectivo a hora pico, los almuerzos, los mails, las llamadas, las juntas, los enojos y las frustraciones.

Hace tres meses que trabajo y de lunes a viernes tomo dos colectivos de ida y dos de vuelta. Cada uno son 45 minutos de viaje. Lo cual hace una hora y media de ida y una hora y media de vuelta. Eso significa que uno irá parado mínimo una hora.

Cuando me subo al colectivo lo que veo son las caras de las cincuenta personas que ya están ahí. Tristes, dormidas, sin motivación. No muestran ninguna emoción. No espero que todos  vayan super energéticos y cantando como blancanieves al despertar, pero

todos nos despertamos temprano,

todos tenemos frío,

a todos nos gustaría ir sentados, o al menos, más cómodos

los que vamos al trabajo, tenemos una idea de lo que espera,

todos tenemos esa rutina

y por eso mismo, deberíamos hacerla más divertida.

Culpemos a los porteños, a Buenos Aires, a los colectivos y sus respectivos colectiveros, o contrario a lo que propone Luis Miguel, culpemos a la noche y culpemos a la playa, pero hay algo en está ciudad que tal como lo describen sus habitantes “es un bajón”

Sï, señora que se queja de las monedas, es un bajón que se caigan,

Sí, señor que no tiene tarjeta, es un bajón que no la recarguen

Sí, chica embarazada, es un bajón que sean tan poco educados

Sí colectivero, es un bajón la gente desagradecida

Es un bajón que justo nos toque esperar a que el tren pase

pero entre tanto bajón, así como dicen también “hay que ponerle onda”

Así que para contrarrestrar ese bajón, tengo un playlist con música guapachosa para bailar en el camino.

Parada, sentada, levanto el brazo al ritmo de la música, muevo la cabeza y agito mi pie. Siento la música para no contaminarme del veneno rutinario de la ciudad.

Y la gente me mira. No me importa.

Me miran mal.

Quizás piensan que consumo heroína en el desayuno y por eso cierro los ojos y me dejo llevar por la música.

Quizás deberían de comprobar que sólo buen playlist vence la rutina.