Archivos Mensuales: julio 2012

Desde el colectivo

Esas cosas maravillosas que un ve escritas, pintadas, y pensadas en y para las paredes.

” Lugar apto para autocuestionarse” 

 

Cabrera y Armenia. 

Lléguenle. 

 

05:15

Después de Beiro al 3600, descendiendo, dirección Los Incas, hay en la acera derecha diez y seis árboles.

Troncos fuertes, firmes.

Los conté un día que viajaba aburrida.

No los volví a ver.

O sí. Pero son de esas cosas que se ve y no se ve.

Hoy los volví a ver.

En serio.

Diez más seis troncos que lucían un cartel blanco.

Un reloj dibujado, la terminación del minutero y del segundero era la misma.

Dos corazones. Uno en cada manecilla.

” Te espero.

05:15

Me encuentras?

Te amo”

Heroína en el desayuno

Dicen que lo que cansa es la rutina.Y cuando uno comienza a trabajar (en la mayoría de los trabajos) esto resulta inevitable. Lo resultan también los viajes en el colectivo a hora pico, los almuerzos, los mails, las llamadas, las juntas, los enojos y las frustraciones.

Hace tres meses que trabajo y de lunes a viernes tomo dos colectivos de ida y dos de vuelta. Cada uno son 45 minutos de viaje. Lo cual hace una hora y media de ida y una hora y media de vuelta. Eso significa que uno irá parado mínimo una hora.

Cuando me subo al colectivo lo que veo son las caras de las cincuenta personas que ya están ahí. Tristes, dormidas, sin motivación. No muestran ninguna emoción. No espero que todos  vayan super energéticos y cantando como blancanieves al despertar, pero

todos nos despertamos temprano,

todos tenemos frío,

a todos nos gustaría ir sentados, o al menos, más cómodos

los que vamos al trabajo, tenemos una idea de lo que espera,

todos tenemos esa rutina

y por eso mismo, deberíamos hacerla más divertida.

Culpemos a los porteños, a Buenos Aires, a los colectivos y sus respectivos colectiveros, o contrario a lo que propone Luis Miguel, culpemos a la noche y culpemos a la playa, pero hay algo en está ciudad que tal como lo describen sus habitantes “es un bajón”

Sï, señora que se queja de las monedas, es un bajón que se caigan,

Sí, señor que no tiene tarjeta, es un bajón que no la recarguen

Sí, chica embarazada, es un bajón que sean tan poco educados

Sí colectivero, es un bajón la gente desagradecida

Es un bajón que justo nos toque esperar a que el tren pase

pero entre tanto bajón, así como dicen también “hay que ponerle onda”

Así que para contrarrestrar ese bajón, tengo un playlist con música guapachosa para bailar en el camino.

Parada, sentada, levanto el brazo al ritmo de la música, muevo la cabeza y agito mi pie. Siento la música para no contaminarme del veneno rutinario de la ciudad.

Y la gente me mira. No me importa.

Me miran mal.

Quizás piensan que consumo heroína en el desayuno y por eso cierro los ojos y me dejo llevar por la música.

Quizás deberían de comprobar que sólo buen playlist vence la rutina.

Lo imposible

siempre tarda.

 

Te amo

 

(graffiti en la vía pública)