Archivos Mensuales: mayo 2012

¡Feliz cumpleaños papá!

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Rulando

Así es como uno se encuentra aquello de lo que se olvidó /olvidarse/

http://www.youtube.com/watch?v=RRLtyihVeyo&ob=av2e

 

Eso es lo más difícil del frío

que uno no sabe si se siente en el cuerpo o en el alma

 

Otoño

Me han aconsejado mirar menos los banners de despegar.com

y ver las hojas con las que el otoño adorna la ciudad.

Además compré una vela con olor a sandía.

Hojas de otoño.

Sandía.

 

La burra panda

Desde muy chica aprendí a conjugar ese verbo.

Yo hago la burra panda.

Tú haces la burra panda.

Él hace la burra panda.

Nosotros hacemos la burra panda

Ustedes hacen la burra panda.

Ellos hacen la burra panda.

Aprendí porque lo practicaba demasiado. Me emocionaba, contaba, planeaba y me decepcionaba. A veces el orden se alteraba, pero el resultado era el mismo.

Panda.

Sucede con personas, viajes, trabajos, exámenes, inversiones. De todos ellos, los que más me angustiaron fueron los de los viajes por ser del que la gente más se enteraba y/o el cual más contaba. Y si no pasaba, entonces uno tenía que, como decía mi abuela, “poner su cara de tonto” y con las menos explicaciones posibles o con la mayoría de mentiras disponibles, decir porque lo planeado, no había sido.

 

Para no hacer la burra panda, de este viaje solo sabían los involucrados.

E internet.

 

Burra.

Gracias por perseguirme con banners de las ofertas de ese viaje que no será.

Panda.

Gracias banner de Despegar.com por recordarme “Vuelos en oferta”

Burra.

Gracias banner por aparecerte a un lado de los videos de Breakbot en youtube, ofreciéndome destinos a los cuales no llegaré.

 

Panda.

 

La desmagnetización

Buenos Aires. Colectivos. Tarjeta SUBE. Con la que se paga el pasaje.

Se ha desmagnetizado. Las máquinas/plásticos/bandas magnéticas fallan más que los humanos.

He vuelto a pagar con monedas. A tener el papelito blanco, incómodo, nadando entre mi billetera y mi cartera, sin encontrar su lugar en mi mundo.

He vuelto a ver el mensaje que marca la máquina donde se depositan las monedas.

“Indique su destino”

Mínimo, son dos por día. El de ida y el de vuelta. Fines de semana, más. Alguna noche entre semana, pueden ser cuatro.

Pero no es el destino, en el que me deja el colectivo el único al que me dirijo esa sábado o esta noche.

Aunque a la noche vuelva a casa, tampoco este es mi destino.

Y mañana, a las 9 de la mañana, cuando me suba a la línea 29 y diga, 1.25 por favor, tampoco lo será.

Hay veces que el destino cuesta más que 1,25. Hoy en día poco cuesta menos.

Hay días en los que el destino tiene un presupuesto ajustado y otros en los que nos deja volar la hilacha.

Hay destinos obvios que al  dejar de ser destinos, se tornan en fragmentos de vida inesperados.

Cuantos se tengan, se crean (de creencia) o se crean (de fabricación)

A veces están impresos en un cartón.

En luces parpadeantes.

Leds de colores.

En un boleto de avión.

Escondidos en una conversación.

 

 

 

Implícitos después de un encuentro.

¡Feliz cumple Pao!

Hay mucha comida rica. Rica no era lo que ella aspiraba a ser, pero bueno, también hay que sobrevivir con los ángeles. Celestes deberían ser las nubes en un cielo verde y morado como los colores de la fruta del bosque y de las semillas de la vida que recorren nuestras venas abiertas.

Ya no sangran, parecen congeladas, como los ravioles de su abuela que acababa de guardar.

Quizás eso sea lo más importante, tan importante como la última palabra, la última ilusión, la última oportunidad.

O la única.